Olivia Teroba


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Las voces que me hicieron compañía en 2021

Por Olivia Teroba

 

Esta lista está conformada por proyectos y libros que me emocionaron, gustaron e interpelaron a lo largo de este año; aquellos que incitaron reflexiones y conversaciones. Varios de los mencionados son de personas cercanas, así que mi opinión involucra el cariño que les tengo. Creo que eso puede ser una ventaja: intentaré transmitir esa proximidad y entusiasmo en la breve descripción que haré de cada uno.


Odo Ediciones

 

Odo Ediciones expande los libros hasta volverlos casas, espacios para compartir y reflexionar,  ágoras que ponen a conversar la realidad con la imaginación y los sueños.

Este proyecto editorial hace hincapié en las relaciones que se forman alrededor del libro con una perspectiva centrada en la comunidad. En la práctica, esto implica que la mitad de sus ganancias son para quienes escriben, que sus libros están disponibles en su versión electrónica para descarga gratuita en su página web, y que durante el proceso de elaboración de la versión impresa se realizan charlas, talleres y actividades en compañía de les autores. Las actividades hasta ahora han sido en su mayoría en línea, pero esperan tener cada vez más eventos presenciales.

Para sumarte a la comunidad puedes inscribirte por temporadas o de forma anual. Cada temporada tiene distintos precios de acuerdo a las características del libro.

Su primer libro, ya publicado y disponible para descarga, son los cuentos distópico futuristas de Daniela L. Guzmán, Un tlacuache salvó este libro del fuego.

Actualmente está vigente la temporada del ópalo, de la cual resultará el libro de Gabriela Damián, Pequeños naipes de ópalo, cuentos que transitan tiempos remotos en distintas geografías, unidos por una mitología propia, permeados por reflexiones acerca de lo humano y lo no humano, lo sagrado y lo imaginado.

Taller mensual con Yolanda Segura

 

 

Creo que la escritura nunca ocurre en solitario. Por eso le pedí a Yolanda Segura que leyera el manuscrito de mi nuevo libro, Pequeñas manifestaciones de luz. Ella lo hizo de manera atenta y cuidadosa. Sus comentarios me dieron una nueva perspectiva sobre mi manuscrito y me mostraron el camino para terminar de escribir varios de mis cuentos.

Yolanda, quien es investigadora, guionista, poeta y narradora, imparte un taller mensual, donde cada tanto se abren cupos para formar parte de esta comunidad de escritura.

 #Charlaylecturacon Andrea Muriel

 

 En mayo de 2020, en plena cuarentena, Andrea comenzó a hacer entrevistas a escritoras en su  cuenta de instagram @andreamuriel_ . Algo que me gusta de sus charlas es la atención con las que lee los textos y su facilidad para platicar acerca de los procesos que conlleva la escritura, sea a partir de libros ya publicados o proyectos de escritura en curso. En este momento, Andrea ha conducido 62 charlas. Como dice la descripción de su cuenta, tratan sobre todo de poesía de mujeres, pero también encontramos narradoras, ensayistas y gestoras culturales. Creo que entre la extensa cantidad de información que circula todos los días en redes, la labor que hace Andrea nos brinda un panorama conciso de las inquietudes e intereses que circulan en el medio literario actual y del trabajo de mujeres involucradas con la literatura.

A poem per day, newsletter de Robin Myers

 

A veces, sobre todo entre semana en días laborales, miro el celular con insistencia, le doy refresh a las redes sociales y a mi correo electrónico, esperando no sé qué. Para esos momentos de ansiedad cibernética me ha aliviado haberme suscrito al newsletter de Robin, mediante el cual ella envía a sus suscriptores un poema al día. A veces también pasa que me levanto temprano y reviso el correo: el suyo es siempre el primero de los mensajes. Leerlo es tomar aire fresco: la selección de Robin es exquisita. Los poemas están en inglés y en español. Se pueden inscribir aquí.

Lucrecias, escritura colectiva de Alejandra Arévalo, Gabriela Damián Miravete, Diana del Ángel, Alejandra Eme Vázquez y Brenda Navarro.

Editado por Una habitación para nosotras.

Este libro piensa la escritura de manera comunitaria, como una forma de tejer lazos de amistad, de unir el pasado y el futuro a través de las voces del presente. El texto de tres partes que lo conforma es un mensaje para Lucrecia, una mujer cuya violación y suicidio forma parte de la historia de la antigua Roma. En esta carta, las voces de las escritoras le hablan desde la empatía y transitan de la rabia a la ternura; transmiten la confianza de sabernos acompañadas. Podría decir que este mensaje de voz, por su carácter colectivo, es una declaración de principios, un manifiesto. Y de ser así, es el manifiesto feminista más hermoso que he leído.

Por qué volvías cada verano,  Belén López Peiró.

Editado por Palíndroma.

Por fin tenemos edición mexicana de este libro polifónico, que narra el proceso de la protagonista al confrontar a su familia y contarles que fue abusada por su tío comisario cuando ella era menor de edad. A la par de esta narración se describe, mediante escenas y documentos judiciales, el proceso para hacer una denuncia legal del abuso. Además de la entereza y determinación que se necesitan para contar esta historia, la destreza narrativa de Belén nos acerca a  momentos de vulnerabilidad, donde podemos reconocernos en la fragilidad de la infancia, pero también en la violencia que surge en entornos que supuestamente deberían ser seguros.

Exyugoslavia de Pierre Herrera.

Editado por Paraíso Perdido.

Un libro sobre una casa que se pierde debido a la guerra del narcotráfico en Michoacán y sobre una familia que, a partir de este hecho, se recompone y resiste. A la par de esta historia se intercalan breves ensayos acerca de temas diversos pero relacionados por la nostalgia: la desintegración de la Unión Soviética, los osos panda en el zoológico de Chapultepec, la extinción de los dinosaurios y las carreras de fórmula 1. A través del libro se va conformando una voz que siente, que recuerda: una película que vio en el cine, un ensayo en video de Ana Zett, lecturas de Cristina Rivera Garza y Natala Ginzburg; una voz que se pregunta por distintos tipos de ausencias, de fantasmas y de afectos que se intuyen, que se enuncian en lenguajes distintos a la palabra.

El cuarto jinete, de Verónica Murgía.

Editado por Era y Bookmate.

Mediante las voces de un médico, una cicatricera, una monja, unos carboneros, entre otres, conocemos el contexto histórico y social de la peste negra en Europa. La prosa de Verónica Murgía es impecable, así como su documentación histórica. En ese sentido, es un libro fácil de leer. Por otro lado, el contenido a ratos me resultó arduo por lo crudo de las imágenes, que traen a la mente escenas de la pandemia actual: el desamparo de los grupos marginados, el dolor de los enfermos en los hospitales y el desgaste del personal médico durante la pandemia. No obstante, poco a poco, la historia se va centrando en la transformación de un bachiller, que en un principio mira la enfermedad con miedo y repulsión; su crecimiento apacigua el panorama.

Además de la cercanía de una historia que está fechada hace más de quinientos años con la pandemia actual, este libro nos permite reflexionar sobre nuestra relación con el cuerpo, sus enfermedades y sobre el origen y sentido de la compasión.

Frontera Interior, de Astrid López Méndez.

Editado por Alacraña y Libros UNAM.

Un libro que es una suerte de compañía.En estos ensayos breves, como si de una conversación íntima se tratara, Astrid nos cuenta la historia de sus lecturas y escrituras, intercalada con reflexiones y experiencias que en conjunto nos hablan de su relación con la poesía, con su familia, con las palabras que a veces resultan insuficientes y otras alcanzan a expresarlo todo, aclaran la confusión y nos devuelven al mundo.

El invencible verano de Liliana, de Cristina Rivera Garza.

Editado por Literatura Random House.

 A lo largo de esta obra de no ficción, Cristina recorre la vida de su hermana, víctima de feminicidio, a través del archivo de diarios, cartas y recados que Liliana guardaba meticulosamente, además de testimonios de sus amigos y familia. Con cuidado y paciencia recopila y organiza los datos hasta conformar por escrito la figura de una estudiante universitaria que bien podría haber sido nuestra amiga: aquella que usaba hojas y bolígrafos de colores, tenía letra bonita, te pasaba los apuntes. La que te escribía en un post-it una nota de “Feliz cumpleaños”, aunque llevaran poco de conocerse. A la par del retrato que la autora hace de su hermana, se van conformando interrogantes respecto al crimen, a la víctima, al victimario, a las palabras que en ese entonces faltaban para describir y anunciar la violencia. Este libro se une a la protesta por nuestros derechos, exige justicia, dialoga con otras luchas.

 Réquiem, de Anna Ajmatova

 

Gracias a un club de lectura conocí este poema donde el dolor y el amor refulgen. A lo largo de este año hice varias lecturas sobre el duelo, y sin embargo este texto fue el que más me sorprendió, tanto por su cercanía y precisión como por la conciencia que tiene la autora de la necesidad de escribir sobre aquellas pérdidas para una construir memoria como se erige como un monumento, uno por cada madre que ha perdido a un hijo.

 La lengua de los osos polares, de Sabina Orozco.

Editado por Osa Menor.

Una de las premisas que tenemos en Osa es publicar libros que nos gusten. Hace tiempo que conozco y leo a Sabina; desde mis primeros acercamientos a sus cuentos ya podía imaginarme cómo sería su libro cuando fuera publicado. Imaginaba una portada que incitara la curiosidad y que de alguna manera transmitiera el erotismo en sus cuentos. No digo erótico solamente para referirme al deseo sexual, sino al impulso por despertar los sentidos a la vida, que se acerca sin pudor a su contraparte, lo tanático. Sus historias cortan de tajo la cotidianidad gracias a la intensidad de sus personajes. Fue una fortuna trabajar con ella estas historias y editar su primer libro.


Fotografía de cover Ian Schneider / Unsplash