Malebolge

Malebolge
Ruy Feben alimenta sus obsesiones y se orienta, con este segundo libro, de manera definitiva hacia la construcción de un proyecto narrativo singular, por donde se le vea, dentro del panorama de la literatura mexicana actual. En este Malebolge no están los fraudulentos de Dante, sino los que ven lógico que los árboles crezcan, siempre, por todos lados; los que atraviesan la vida cotidiana, pero de cabeza; los que leen en sentido contrario; los que hacen tratos insanos con la burocracia infernal; los que sobreviven a borracheras que abren nuevas dimensiones del espacio-tiempo; los que trabajan en edificios que amanecen salvajes; los que se infectan de lenguaje, mareos, paranoia e incertidumbre (ese mal que padecieron David Foster Wallace, Richard Brautigan, Philip K. Dick o Kurt Vonnegut).

Los personajes de Malebolge parecen condenados a leer un libro inconcluso en el que se cuentan, en tiempo real, sus propias vidas. Pero en este libro maldito las palabras se hacen agua y, con ellas, lo real entra en crisis permanente, se descompone y se levanta de manera simultánea.