La imagen que devuelve el espejo

“Luego de arreglarse salió del cuarto procurando no hacer ruido. El desvelo no le permitía pensar con claridad y no se le ocurría justificación alguna para andar por la casa si se encontraba con Mercedes o alguien más. Miró a derecha e izquierda, no había nadie. Casi de puntas se dirigió hacia el cuarto de Rita. Frente a la puerta respiró profundamente para tomar valor y sin recordar que le había pedido la noche anterior que la cerrara con llave, hizo girar la perilla y la empujó. Entonces vino a su memoria la petición hecha, pero no le sorprendió mucho haberla podido abrir porque conociendo a Rita lo más seguro es que en cuanto hubo salido ella la había abierto. Agradeció que estuviera encendida la pequeña lamparita sobre el buró pues le permitió ver por dónde caminar. Ya en otras ocasiones había reconocido la utilidad de esa luz mortecina, cuyo objetivo era facilitar la marcha nocturna a las ancianas y al personal de la casa. Cerró la puerta detrás suyo con cuidado para evitar cualquier rechinido que alertara no sólo a Rita sino también a las vecinas de su presencia allí”.