Dilemas

“El timbre del teléfono lo despertó, observó el reloj: eran las 5 de la madrugada. No respondió al llamado, no importaba quién fuera, no eran horas para molestarlo. Nunca imaginó que se trataba de una urgencia, pues al otro día, temprano en su consultorio, le informaron que secuestraron a uno de sus mejores amigos. Necesitaban juntar y hacer entrega de una fuerte cantidad en dólares antes del medio día, de lo contrario lo asesinarían. En los últimos tiempos, los secuestros habían cobrado auge y habían dejado de ser exclusivos de la clase privilegiada. Consideraron que el error de su amigo fue haberse comprado un automóvil recién salido de agencia y a crédito.

El dilema surgió en su mente: cooperar era contribuir a una empresa desalmada y negarse era sentenciarlo a morir”.