De Samor y otros lugares cursis

“Que yo era la solución de Julia, que yo, ningún otro más que yo mero, el Mudo. Y fue el Trompo, o el Puerco, uno de los dos carnales salió con eso. Y desde ahí la carreta, el insistir gacho de los compas. Y fue el día de las madres, este último, afuera de la casa de Rosa, cómo se me va a olvidar. Estábamos toda la banda hasta la madre, bien pedos, bien mariguanos. Luego luego salió: que la Julia no nos quería afuera de su casa, que la Julia nos echaba a los cuicos, que Julia estaba cada vez más loca. Todo eso decían. Sin contar, a güevo, las porras a las jefecitas, los vivas que les aventamos cada 10 de mayo después de las dizque serenatas, de ponernos bien puercos. Todos se preguntaban qué hacer con Julia, para que se calmara, para que ya no la hiciera tanto de pedo, que nos dejara estar en nuestra esquina. Le falta que se la chinguen. Que le den pa´dentro, pa´sus chicles. La estrenada, la estrenada a la ruca. Decían unos y otros. Y el Puerco, o el Trompo, nomás no me acuerdo quien, dijo que yo, que yo mero era el bueno. Porque yo también estaba sin estrenar, porque era quinto, nomás por eso el Mudo tenía la misión de calmar a la Julia”.

Ilustración de portada: Roberto López Ramírez.